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El Tanque del Zar: el monstruo de 40 toneladas que quedó atrapado en el barro

Sus ruedas de 9 metros de diámetro escondían 480 caballos de potencia que jamás lo sacaron del lodo

Redacción DSC 9 de octubre de 2026 · 04:10 2 min de lectura
Foto: motorpasion.com

En 1915, el ingeniero Nicolás Lebedenko presentó al zar Nicolás II la maqueta de un vehículo blindado que rompía con todo lo que se conocía hasta entonces. El resultado, bautizado como el Tanque del Zar, terminó convertido en uno de los fracasos más espectaculares de la ingeniería militar rusa y una de las curiosidades más extrañas de la Primera Guerra Mundial.

La propuesta de Lebedenko partía de una idea simple: las carretas con ruedas grandes superaban baches y zanjas sin problema, así que un tanque con ruedas gigantes debería superar trincheras con la misma facilidad. De ahí nacieron las dos ruedas delanteras de 9 metros de diámetro, con una superficie de casi 64 metros cuadrados cada una, del tamaño de un departamento pequeño. Detrás, una rueda mucho más pequeña completaba una arquitectura de triciclo que ningún otro país había intentado.

Foto: motorpasion.com

El zar quedó tan impresionado con la maqueta que, según se cuenta, pasó un buen rato jugando con ella sobre la alfombra de palacio. La anécdota tuvo consecuencias reales: Lebedenko recibió 210,000 rublos para construir un prototipo a escala completa.

La máquina resultante era descomunal. Un puesto de mando se elevaba a casi 9 metros del suelo, con ametralladoras y emplazamientos para cañones en los laterales. Dos motores Maybach de 240 caballos cada uno, 480 en total, movían las ruedas grandes por fricción a través de un sistema de ruedas pequeñas, una solución de tracción delantera tan poco convencional como el resto del diseño. En teoría, el tanque alcanzaba 15 km/h, una velocidad notable para 1915.

Foto: motorpasion.com

La realidad fue otra. El prototipo, de más de 40 toneladas, llevaba a bordo una tripulación de una decena de hombres y una distribución de peso que resultó fatal: la rueda trasera, mucho más pequeña, se hundía en el barro con facilidad y las dos ruedas delanteras no tenían la tracción suficiente para liberarla. En sus primeras pruebas, el coloso quedó atascado en un bosque y nunca volvió a moverse.

El Tanque del Zar se quedó oxidando en el mismo lugar durante años, como un monumento involuntario a una idea demasiado ambiciosa para su época. En la década de 1920 terminó desmantelado y enviado al desguace, sin haber disparado jamás un solo tiro en combate.

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