El montante C: el detalle que hace reconocible a un coche sin ver su frente
Desde el Golf de Giugiaro hasta el Volvo EX30, unos centímetros de chapa definen la identidad de un modelo
Hay coches que se reconocen de perfil sin necesidad de ver el frente ni el logotipo, y el mérito casi nunca está en los faros o la línea de techo, sino en el montante C: el elemento que une el techo con la parte trasera de la carrocería. Con apenas unos centímetros de chapa y cristal, los diseñadores deciden si un coche luce elegante, deportivo, robusto o más espacioso.
El caso más claro es el Volkswagen Golf. Desde el modelo original de Giorgetto Giugiaro en 1974 hasta la generación actual, el montante C se ha mantenido ancho, con una inclinación moderada y perfectamente integrado al techo. Ese rasgo aporta solidez visual, amplía el habitáculo desde la perspectiva del observador y funciona como firma de identidad entre generaciones: ningún Golf nuevo prescinde de él.
BMW construyó su propia firma con la 'curva Hofmeister', la curvatura característica del montante trasero hacia la ventanilla, visible incluso en modelos como el 3.0 CSi. Durante décadas, ese pliegue permitió identificar un BMW con solo mirarlo de costado, y se convirtió en uno de los elementos de diseño más imitados y reconocidos de la industria.
La llegada de los eléctricos le dio nueva relevancia a este detalle, al liberar las proporciones tradicionales que imponía un motor de combustión. El Volvo EX30 apuesta por superficies limpias y un montante casi oculto, en una línea que conecta más con los coupés suecos como el P1800 o el 480 ES que con las clásicas berlinas y familiares de la marca.
El Renault 5 E-Tech sigue el camino opuesto: recupera el montante trasero inclinado del R5 original, con su rejilla característica, y también guiños al Supercinco de Marcello Gandini. En la versión eléctrica actual, ese elemento se traduce en una moldura oscura bajo el techo que conserva las proporciones y la inclinación de los modelos históricos, aunque la tecnología y las dimensiones sean completamente distintas.
Nadie elige un coche solo por el diseño de su montante C, pero es ahí donde se nota el oficio del diseñador. Basta con cambiar la inclinación, ampliar la superficie acristalada o modificar la unión con el techo para que un coche con las mismas dimensiones se perciba como otro distinto. Son las firmas que se reconocen sin pensar, cada vez que un coche pasa de largo o queda estacionado en la calle.


