Henry Ford quería coches eternos; General Motors inventó la obsolescencia para vencerlo
Desde 1923 GM cambiaba el diseño cada año para que los modelos anteriores parecieran viejos
Henry Ford diseñó el Ford Model T con una meta poco común para la industria: que durara tanto que sus dueños jamás necesitaran comprar otro. El auto se mantuvo en producción 19 años, de 1908 a 1927, y cada mejora que Ford introducía se diseñaba para ser compatible con las unidades anteriores, de modo que ninguna actualización dejara obsoleto lo ya vendido.
La lógica de Ford entendía al automóvil como una herramienta, comparable a un martillo: algo que se usa hasta que se rompe, no algo que se cambia por moda o por diseño. \"Es mi ambición que cada pieza de maquinaria que produzca esté tan bien hecha que nadie tenga que comprar una segunda. Quiero construir una máquina que dure para siempre\", escribió en su autobiografía Mi vida y mi trabajo.

Esa filosofía perdió la batalla comercial casi de inmediato. En General Motors, su presidente Alfred P. Sloan tomó el camino opuesto: a partir de 1923 impuso cambios de diseño anuales en los modelos de la marca para que las versiones previas se vieran anticuadas y los clientes sintieran la necesidad de renovar su auto con frecuencia.
Un año después, en 1924, fabricantes de bombillas se reunieron y acordaron limitar deliberadamente la vida útil de sus productos para forzar reemplazos constantes, formalizando lo que hoy se conoce como obsolescencia programada. La estrategia de Sloan y la de esos fabricantes terminaron por definir el modelo de negocio que domina la industria hasta hoy.

Un siglo después, el patrón sigue vigente en el automóvil: rediseños que dejan atrás a la generación anterior, sistemas multimedia sin actualizaciones de software, o variantes eléctricas con más autonomía y carga más rápida que vuelven obsoleto un modelo recién comprado. También llegó a la posventa: un faro LED dañado ya no se repara, se sustituye completo porque el recambio resulta más barato que el arreglo.
La paradoja es evidente en un momento donde la sostenibilidad y la escasez de recursos son parte central de la conversación de la industria. El enfoque de Henry Ford, pensado para durar y no para venderse por segunda vez, encajaría mejor con esa urgencia ambiental que el modelo que impuso Sloan y que las armadoras siguen explotando porque sostiene sus márgenes de ganancia.


