La DGT insiste en los radares pese a que la mortalidad en carretera apenas baja
España registró 1,775 muertos en 2025, solo diez menos que el año anterior
El director de la Dirección General de Tráfico, Pere Navarro, defiende que los radares son la única herramienta efectiva para reducir la velocidad y, con ella, los accidentes en las carreteras españolas. Lleva más de 16 años en el cargo y repite el mismo argumento: vigilancia, control y sanción, no educación, es lo que realmente funciona contra los excesos de velocidad.
El tema importa porque toca directamente a cualquiera que conduce en España: dónde se instalan los radares, cómo se eligen esos puntos y qué tan efectivos son realmente para evitar siniestros, no solo para recaudar. Navarro sostiene que los criterios de colocación son transparentes, aunque en la práctica rara vez detalla la metodología completa.

Los números que maneja la DGT parecen respaldar su postura: el exceso de velocidad está detrás del 22% de los accidentes en el país, y la reducción del límite a 30 km/h en zonas urbanas bajó los siniestros un 14%. Sin embargo, el balance de 2025 cierra con 1,775 muertos en carreteras y ciudades, apenas diez menos que en 2024, una cifra que contradice el discurso oficial de mejora sostenida.
En 2024 se instalaron 88 radares nuevos en los puntos con más accidentes por velocidad, según fórmulas internas que la DGT nunca ha hecho públicas. La apuesta actual son los radares de tramo, que miden la velocidad media en varios kilómetros en lugar de un punto fijo, lo que dificulta los excesos puntuales y, según Navarro, refuerza el efecto disuasorio frente a la sospecha de recaudación.


La ubicación, sin embargo, sigue siendo un punto débil. En 2022 los radares generaron 3,704,675 denuncias, un récord histórico, y uno solo en Cádiz, colocado en un túnel de la A-381, acumuló cerca de 80,000 multas con una media de 200 al día. El aparato está fuera del túnel, después de la zona de riesgo, lo que abre dudas sobre si cumple una función preventiva real o simplemente capta infracciones ya consumadas.
La comparación internacional tampoco es concluyente: Francia tiene casi 5,000 radares fijos, el doble de densidad por habitante que España, pero su mortalidad vial es un 36% superior. En España, tres de cada cuatro fallecidos en vías interurbanas mueren en carreteras secundarias, precisamente donde la DGT dice concentrar ahora los nuevos radares, aunque los resultados de esa estrategia todavía no se reflejan en una caída clara de la mortalidad.


