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Trump aceptaría plantas chinas en EU, pero solo con obreros americanos

La condición llega mientras Washington presiona a Ford por sus lazos con CATL y Geely

Redacción DSC 14 de septiembre de 2026 · 09:30 2 min de lectura
Foto: motor1.com

Donald Trump afirmó que aceptaría que fabricantes chinos abrieran plantas en territorio estadounidense, siempre que contraten trabajadores locales. Lo dijo en entrevista con Laura Ingraham para Fox News, en el programa "The Ingraham Angle", días antes de que Xi Jinping visite Washington en un viaje que pondrá bajo revisión la relación comercial entre ambos países en materia automotriz.

La declaración importa porque redefine el debate: ya no se trata de dónde se ensamblan los autos, sino de quién controla las fábricas y la tecnología detrás de ellos. Para Ford, GM y Stellantis, una planta china operando en suelo estadounidense con mano de obra local significaría un competidor doméstico nuevo, aunque bajo las reglas que Trump plantea.

"Si China quisiera venir a abrir una planta para fabricar sus autos aquí, yo estaría de acuerdo", dijo Trump, poniendo como única condición que los trabajadores fueran estadounidenses. Comparó el escenario con el que siguieron las armadoras japonesas hace décadas, que construyeron plantas en EU y "contratan a nuestra gente". Para el presidente, "lo más importante es que los estadounidenses tengan empleos", sin importar el origen de la marca en el cofre.

Los comentarios llegan mientras la administración Trump presiona a Ford por sus alianzas con empresas chinas. Una carta del secretario de Transporte, Sean Duffy, al director ejecutivo Jim Farley, calificó esos vínculos como motivo de "profunda preocupación". El documento señaló la tecnología de baterías que Ford licencia de CATL para su planta en Marshall, Michigan; una empresa conjunta con Geely en España; conversaciones reportadas con BYD sobre componentes híbridos, y la producción del Lincoln Nautilus, que seguirá en China hasta 2030. Ford ha respondido que el acuerdo con CATL es de licenciamiento, no de propiedad extranjera, aunque las críticas continúan.

Trump fue claro en que nada de esto cambia las restricciones a los autos terminados que llegan desde China, incluidos los ensamblados en México y enviados después hacia el norte. Advirtió que el mercado estadounidense sería "arrasado" sin esa barrera y sostuvo que Estados Unidos "nunca ha permitido" la importación directa de vehículos chinos. Esa es la razón por la que la entrada de Geely al mercado estadounidense se ha dado mediante asociaciones y licencias, no ventas directas de autos.

La visita de Xi Jinping a Washington, prevista en unos diez días, coloca la carta de Duffy y las declaraciones de Trump sobre la misma mesa que encontrará la delegación china. Abogados, sindicatos y concesionarios ya empujan a los reguladores para que definan reglas claras que protejan empleos y ventas.

Lo que falta por saber es si Washington tratará los acuerdos de licenciamiento y las plantas de baterías como inversión local legítima o como control extranjero disfrazado. De esa definición dependerá si armadoras como Ford deben rehacer sus asociaciones con firmas chinas para mantenerse dentro de las nuevas líneas políticas.

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