Un Citroën ZX de los noventa es el auto compartido de un pueblo francés de 660 habitantes
En Pont-de-Barret, cinco vecinos organizaron el préstamo del coche por 25 céntimos de euro el kilómetro
En Pont-de-Barret, un pueblo de 660 habitantes a 25 kilómetros de Montélimar, en la región francesa de la Provenza, un viejo Citroën ZX azul con matrícula parisina se convirtió en el auto de toda la comunidad. Cinco amigos y vecinos armaron, sin fines de lucro, un sistema de coche compartido para resolver un problema que golpea a buena parte de la Francia rural: solo pasa un autobús al día.
La iniciativa nació de una observación simple. Xavier Charles, uno de los creadores del proyecto, explica que muchos coches del pueblo pasaban parados en el garaje mientras algunos vecinos no tenían vehículo propio. El ZX que hoy usan ni siquiera lo compraron: fue un regalo del abuelo de uno de los fundadores.

El sistema funciona con un control analógico. Cada usuario anota los kilómetros recorridos y lo que gastó en gasolina cuando reposta. El costo es de 25 centavos de euro por kilómetro, cifra que cubre combustible y mantenimiento. Desde finales de noviembre de 2021, el Citroën ha recorrido más de 30,000 kilómetros y los vecinos lo usan, en promedio, de dos a tres veces por semana.
La llave vive en el bar del pueblo, abierto de 7:00 a 22:00 horas, y los usuarios coordinan los horarios a través de un grupo de Telegram. Entre los beneficiados está Camille Gandioli, quien recurrió al ZX cuando su pareja necesitó el auto familiar de lunes a viernes durante nueve meses para tomar un curso, y así evitó comprar un segundo vehículo. Christian Deloraine, luthier jubilado de 81 años, asegura que el coche compartido le devolvió una movilidad que sus ingresos modestos no le permitirían costear por cuenta propia.
El modelo ya se replicó en el pueblo vecino de Crest, donde particulares prestan sus propios autos: hay ocho vehículos en rotación y más de cuarenta usuarios registrados. Aunque no reduce la huella de carbono en términos absolutos, la lógica detrás del proyecto es evitar que decenas de coches adicionales circulen por cada comunidad, en zonas donde el transporte público prácticamente no existe.


