Adrian Newey fue despedido por Leyton House antes de forjar su leyenda en la F1
El dueño del equipo, un multimillonario japonés, terminó en prisión por el fraude bancario más grande de Japón
Antes de ganar campeonatos con Williams, McLaren y Red Bull, Adrian Newey vivió su etapa más turbia en la Fórmula 1 al frente de Leyton House, el equipo que en 1990 lo despidió por priorizar la aerodinámica sobre las peticiones de su propietario, el multimillonario japonés Akira Akagi.
Newey había llegado al proyecto en su etapa anterior como March, un equipo histórico venido a menos al que devolvió a los podios. Akagi, dueño de la marca Leyton House, compró el equipo para la temporada 1990 y lo rebautizó, manteniendo a Newey como director técnico mientras el ingeniero seguía puliendo sus ideas de flujo de aire, incluso con cabinas tan estrechas que los pilotos apenas podían cambiar de marcha.

Los resultados de 1990 fueron pésimos: el monoplaza a veces ni siquiera lograba clasificar. Newey descubrió que el problema no eran sus diseños, sino el túnel de viento del equipo, calibrado con tacos de madera y cinta adhesiva que arrojaban datos falsos. Mientras tanto, Akagi negociaba con Porsche para usar unos motores turbo reciclados de la era TAG que, según el propio Newey relató en su libro, no tenían ninguna posibilidad de funcionar.
Newey corrigió el túnel de viento, preparó un paquete de mejoras para el Gran Premio de Francia y cerró un acuerdo alterno con motores Ilmor para 1991. En paralelo, recibió una oferta de Williams. Cuando fue a discutirla con Akagi, se encontró con que ya lo habían despedido: el propietario culpó su obsesión aerodinámica de haber espantado el trato con Porsche.

El desenlace resultó irónico. Con Newey ya fuera del equipo, Leyton House sí montó su paquete de mejoras en el Gran Premio de Francia de 1990. En la vuelta 53, los dos monoplazas lideraban la carrera sin haber hecho una sola parada en boxes gracias al bajo desgaste de neumáticos que Newey había logrado. Ivan Capelli terminó segundo, solo detrás del Ferrari de Alain Prost, mientras su compañero Mauricio Gugelmin se quedó tirado por una falla mecánica.
Leyton House nunca capitalizó ese legado. Poco después, Akira Akagi y tres socios fueron detenidos y condenados a cinco años de prisión por el fraude bancario más grande en la historia de Japón. El equipo terminó vendido, casi regalado, de vuelta a sus antiguos dueños de March, mientras Newey ya construía en Williams los cimientos de una carrera que lo convertiría en el ingeniero más laureado de la Fórmula 1.


