El Aston Martin de 1922 que su dueño sigue manejando en la calle
El conde Louis Zborowski invirtió 10,000 libras en el auto que hoy se repara con piezas de un Fiat 126
Un Aston Martin Grand Prix de 1922, apodado "Green Pea", se presentó en Brooklands durante la celebración del centenario del primer Gran Premio Británico, con su dueño actual, Rob Murray, al volante. El auto forma parte de la familia Murray desde 1958, cuando su padre lo compró por 145 libras más 5 libras de entrega, y hoy conserva la pátina de un siglo de competencia sin haber pasado por una restauración a condición de concurso.
El vehículo tiene un origen que lo conecta directamente con la cultura popular: fue comisionado por el conde Louis Zborowski, el corredor angloestadounidense que inspiró Chitty Chitty Bang Bang, como parte de un par de autos destinados al Tourist Trophy de la Isla de Man. Zborowski invirtió 10,000 libras en el proyecto, una cifra equivalente a más de un millón de dólares actuales, aunque los autos no estuvieron listos hasta el Gran Premio de Francia en Estrasburgo, en julio de 1922.

Ese debut no fue sencillo. Zborowski condujo el TT1, bautizado Green Pea, y Clive Gallop tomó el volante del TT2; ambos autos sufrieron fallas en sus motores de 1.5 litros y 16 válvulas, con Zborowski retirándose en la vuelta 19 y Gallop en la vuelta 30 de 60. Tras otro abandono en Barcelona ese mismo año, los fundadores de Aston Martin, Lionel Martin y Robert Banford, vendieron el auto a Marion Agnew en 1923. Bajo su propiedad, Green Pea consiguió un segundo lugar en el Grand Prix de Boulogne con Bobby Morgan al volante, una medalla de oro en el MCC London/Land's End Trial y la victoria de Agnew en la JCC Ladies Race de Brooklands en 1924, además de un podio en Francia en 1925.
Más de un siglo después, el auto sigue rodando. Apareció en el concurso de Pebble Beach y fue conducido por el tetracampeón de Fórmula 1 Sebastian Vettel durante un desfile por el centenario de Aston Martin en el Gran Premio de Francia de 2022. Para Murray, sin embargo, Green Pea no es una pieza de museo: fue el primer auto que condujo en su vida y algún día pasará a su hijo Jake, quien ya lo ha probado en competencia, aunque su primera subida de montaña terminó abruptamente cuando colapsó el eje trasero.


Mantener el auto en funcionamiento exige soluciones poco convencionales. Cuando el motor perdió una válvula en 2012, el equipo de Murray descubrió que los shims de válvula de un Fiat 126 eran medio milímetro más grandes que los originales, la medida exacta para resolver el desgaste. En los últimos ocho años el auto ha sufrido además una falla de motor, un embrague que requirió fabricar placas a la medida y, en 2022, la rotura del eje trasero, cada reparación hecha con piezas manufacturadas expresamente porque prácticamente no existen refacciones disponibles.
Con el auto ya reparado, Jake se encargará de competir en sprints y hill climbs mientras Rob prefiere usarlo en carretera, una costumbre que ha adoptado con el tiempo. Murray no considera a Green Pea una inversión que deba resguardarse: para él, el valor del auto está en seguir rodando después de un siglo de historia.


