El mecánico que armó los Corvair Yenko Stinger recuerda cómo nació la leyenda
Warren Dernoshek trabajó casi 20 años en el taller de Don Yenko, cuna de los legendarios Camaro y Chevelle de alto desempeño
Warren Dernoshek llegó en 1966 al taller de Don Yenko en Canonsburg, Pensilvania, sin saber que se convertiría en parte de la historia de uno de los distribuidores Chevrolet más influyentes de Estados Unidos. Ahí, el joven mecánico terminó dedicando casi dos décadas de su vida a convertir autos comunes en máquinas de alto desempeño bajo la firma Yenko.
El testimonio importa porque explica, desde adentro, cómo nació el fenómeno Yenko antes de que la marca se asociara con los icónicos Camaro, Chevelle y Nova de bloque grande. Todo comenzó no con un músculo americano, sino con un auto de motor trasero y seis cilindros enfriado por aire: el Chevrolet Corvair. En 1965, Don Yenko decidió llevar el Corvair a competir en la clase D-Production de la SCCA. Encargó 100 unidades del Corvair Corsa 1965 en color blanco Ermine, más algunos prototipos adicionales, para convertirlos en el Yenko Stinger y cumplir con los requisitos de homologación. Los autos llegaron en diciembre de ese año, y para enero de 1966 el Stinger ya cumplía con las reglas de la SCCA para competir.
El auto resultó competitivo desde su debut, en buena parte gracias al trabajo de Jerry Thompson, piloto e ingeniero que colaboró en su desarrollo a través de RST Engineering, una firma que formó junto con otros ingenieros de General Motors. Thompson terminó coronándose campeón de la clase D-Production en 1967, un año después de la presentación del Stinger.
Dernoshek recuerda que el taller de Yenko operaba en condiciones muy distintas a las de otros preparadores de la época, como el legendario taller de Carroll Shelby en California. El espacio apenas permitía trabajar en tres o cuatro autos a la vez, muy lejos de la organización y escala del equipo de Shelby para el Cobra y el Mustang.
Hoy, Dernoshek trabaja en un pequeño taller en McMurray, Pensilvania, donde conserva el Yenko Stinger número 057 y piezas de Corvair enfriadas por aire. Su relato conserva vivo el origen de una era que marcó a la industria del desempeño estadounidense, antes de que el nombre Yenko se volviera sinónimo de potencia bruta sobre cuatro ruedas.

