Edsel: cómo un comité de genios financieros hundió a una marca de Ford en los años 50
Los Whiz Kids, diez veteranos de la Segunda Guerra Mundial sin experiencia automotriz, diseñaron por estadística un coche sin alma
En 1946, con la Ford Motor Company al borde de la quiebra, Henry Ford II contrató a diez veteranos de la Segunda Guerra Mundial expertos en análisis estadístico y control financiero. Se les conoció como los Whiz Kids y los lideraba el coronel Charles Bates Thornton. Ninguno había trabajado antes en la industria automotriz.
El grupo incluía a Robert Strange McNamara, quien más tarde presidiría Ford en 1960 antes de convertirse en secretario de Defensa de Estados Unidos entre 1961 y 1968, y a Arjay Miller, presidente de Ford de 1963 a 1968. También figuraba J. Edward Lundy, director financiero de la compañía de 1967 a 1979. Un equipo brillante en números, pero ajeno al oficio de construir automóviles.

Con estudios de mercado primitivos, los Whiz Kids decidieron hasta el nombre del proyecto, que terminó derivando en cuatro modelos: Citation, Corsair, Pacer y Ranger, todos bajo la marca Edsel. La decisión buscaba replicar la estructura de marcas de General Motors y Chrysler, tras concluir que Lincoln competía realmente contra Oldsmobile, Buick y DeSoto, no contra Cadillac.
El plan consistía en subir a Lincoln un peldaño en la gama y crear Edsel para llenar el espacio intermedio. El resultado fue una marca que, en la práctica, competía de forma confusa contra Mercury, con precios que se cruzaban por arriba y por abajo sin una jerarquía clara entre ambas.


El propio desarrollo del Edsel estuvo dividido entre el equipo de los Whiz Kids y un segundo grupo de producto encabezado por Ernest Breech, con Thomas Bonsall, Lewis Crusoe y Jack Reith. McNamara se opuso al proyecto desde el inicio y evitó participar en su desarrollo; solo se encargó de venderlo una vez lanzado al mercado, aunque fue de los primeros en buscar su cancelación. Para 1959 ya había reducido el presupuesto publicitario de Edsel a prácticamente cero.
El público reaccionó con el mismo desinterés que mostraban algunos ejecutivos de Ford. El Edsel se convirtió en sinónimo de fracaso industrial, al punto de que su nombre, en minúscula, pasó a describir cualquier proyecto diseñado por comité que pierde el rumbo en el camino. Un recordatorio de que ni la mejor analítica financiera sustituye la pasión y el conocimiento real del producto.

