El Volvo 244 DLS: el sedán sueco que la RDA reservó solo para su élite en Berlín Este
En 1977 se fabricaron mil unidades exclusivas para Berlín Oriental, a un precio tres veces mayor que un Trabant
Volvo fabricó en 1977 apenas mil unidades del 244 DLS, una serie especial que nunca se vendió en Suecia ni en el resto de Alemania del Este: solo estuvo disponible en Berlín Este, donde se agotó en cuestión de días pese a un precio de 42,000 Ostmarks, más de tres veces lo que costaba un Trabant.
La historia importa porque retrata uno de los episodios más extraños del comercio automotor durante la Guerra Fría: una marca occidental fabricando un modelo exclusivo para satisfacer a la élite de un régimen comunista, con el aval tácito del propio gobierno de la RDA.

Para acceder a la lista de compra no bastaba con el dinero: el comprador debía demostrar que llevaba al menos un año siendo propietario de un Trabant o un Wartburg, las marcas nacionales de Alemania del Este. El modelo combinaba el capó y la parrilla del Volvo 264, el sedán de gama alta de la marca, con el motor de cuatro cilindros B21 de 2.1 litros y 107 caballos de fuerza del Volvo 244. Los clientes podían elegir entre cinco colores no metalizados: blanco, azul, amarillo mostaza, rojo y verde oscuro.
Según se ha señalado, el proyecto habría nacido por iniciativa del Ministerio de Propaganda de la RDA, aunque Volvo nunca lo ha confirmado oficialmente. El objetivo era proyectar una imagen moderna hacia Occidente a través de Berlín, la ventana que el bloque comunista mostraba al mundo exterior, además de ofrecer a la cúpula política y militar una alternativa a los Tatra checoslovacos y los Zil soviéticos, que pese a su motor V8 de 300 caballos de fuerza tenían un comportamiento dinámico tosco.


El acuerdo entre Volvo y la RDA replicó uno similar que la marca sueca ya había cerrado con Corea del Norte en 1974: los mil coches se pagaron con productos manufacturados en Alemania del Este, y a diferencia del caso norcoreano, el gobierno de la RDA cumplió cabalmente con el trueque. La popularidad del modelo fue tal que la localidad de Wandlitz, donde residía la élite del régimen, pasó a conocerse popularmente como Volvograd.
El gobierno de la RDA también importó, esta vez pagando en divisas, el Volvo 264 TE Top Executive, una limusina construida por Bertone en Italia y luego por Nilsson en Suecia, usada como vehículo oficial. A inicios de los años ochenta llegó otra rareza: una serie de Volvo 245 Transfer Taxi, una versión familiar de batalla larga con tres filas de asientos, mientras que años después el régimen encargaría además al menos una unidad del Volvo 760 en versión limusina.


