Este Corvette C2 1963 de ventana partida oculta un motor central biturbo
La conversión ganó el premio a Mejor Vehículo GM en el SEMA Show 2007 y se vendió en subasta por 65,500 dólares
Un Chevrolet Corvette C2 1963 de ventana partida, uno de los años más codiciados por coleccionistas, terminó convertido en un experimento de motor central que su dueño original jamás reconocería. El proyecto se vendió recientemente en Bring a Trailer por 65,500 dólares tras nueve pujas, una cifra baja si se considera la cantidad de fabricación artesanal que llevó construirlo.
La conversión nació a mediados de la década de 2000, cuando el diseñador Mark Harlan imaginó un Corvette de motor central con inspiración en los prototipos de Le Mans, una idea que el propio Zora Arkus-Duntov, considerado el padrino del Corvette, había explorado cuatro décadas antes sin llegar a producción. Phil Sommers, de American Supercar, se encargó de convertir esa visión en fibra de vidrio, y el resultado, bautizado V7 Twin Turbo, ganó el premio a Mejor Vehículo GM en el SEMA Show de 2007.
El donante no era un ejemplar numbers-matching, lo que amortigua un poco el sacrilegio a ojos de los puristas. La intervención fue radical: la cabina se recorrió 600 milímetros hacia adelante, la carrocería se ensanchó 250 milímetros y se acortó 75 milímetros. Todo descansa sobre un chasís de escalera hecho a la medida, con suspensión independiente y amortiguadores ajustables Penske, mientras que unas puertas correderas con mecanismo pop-up añaden otra capa de excentricidad al conjunto.
Donde un C2 de fábrica lleva el V8 al frente de los ocupantes, este ejemplar esconde detrás de ellos un LS1 estirado a 6.5 litros (395 pulgadas cúbicas), sobrealimentado por dos turbos de 77 milímetros. La potencia llega a las ruedas traseras a través de una caja secuencial Mendeola de cinco velocidades con cambios por paletas, un arreglo mecánico poco común incluso para los estándares de la industria de conversiones.
Arkus-Duntov defendió durante años la idea del motor central antes de retirarse de General Motors en 1975, y la marca llegó a construir varios Corvettes experimentales con esa configuración. Sin embargo, la producción en serie no adoptó el diseño sino hasta la llegada del C8 en 2020, más de cuatro décadas después de que la idea original circulara por los pasillos de Chevrolet.
Los comentarios en la subasta se dividieron entre quienes calificaron la conversión como una obra de ingeniería y quienes lamentaron la pérdida de las proporciones originales del C2. La estética de personalización de los años 2000, con rines cromados y carátulas plateadas, luce hoy anticuada, aunque el auto conserva la capacidad de detener el tráfico. Un comentarista calculó que reproducir el proyecto en la actualidad costaría entre 400,000 y 500,000 dólares, muy por encima de lo que finalmente pagó su nuevo dueño.

