Nino Farina: así se coronó el primer campeón de la historia de la Fórmula 1
Alfa Romeo ganó las siete carreras que disputó en 1950, con Fangio, Farina y Fagioli dominando el campeonato
El 3 de septiembre de 1950, Nino Farina cruzó la meta en Monza para convertirse en el primer campeón del mundo de Fórmula 1 de la historia, al volante de un Alfa Romeo 158. Fue el cierre de una temporada inaugural de siete carreras que arrancó en Silverstone y en la que la escudería de Milán ganó absolutamente todas las pruebas europeas del calendario.
La cifra retrata el dominio: Fangio y Farina sumaron tres victorias cada uno, y su compañero Fagioli completó el podio del campeonato sin ganar ninguna carrera. Bajo el sistema de puntos de la época (8 al ganador, 6 al segundo, 4 al tercero, 3 al cuarto, 2 al quinto y 1 por vuelta rápida), Fangio llegaba a Monza con cuatro puntos de ventaja sobre Farina y dos sobre Fagioli.
En la carrera decisiva, Fangio había marcado la pole por delante del Ferrari 375F1 de Alberto Ascari y del propio Farina, pero este último tomó el liderato desde la primera vuelta y ya no lo soltó. Ascari sufrió una rotura de válvula en la vuelta 20; Fangio, por su parte, tuvo que abandonar dos veces: primero por una falla en la caja de cambios en la vuelta 24, que resolvió temporalmente al hacerse con el auto de su compañero Taruffi, y después por un problema de motor en la vuelta 34 que lo sacó definitivamente de competencia.
Con Fangio fuera, Farina no tuvo rival para llegar a la bandera a cuadros y sellar el título con autos, escudería y país compartidos con sus principales rivales. En sus memorias, el propio Fangio dejó constancia de su sospecha de que Alfa Romeo, siendo una marca italiana, habría favorecido a Farina con un coche más potente en esa carrera.
La revancha de Fangio llegaría al año siguiente: el argentino se coronó campeón del mundo en 1951, también con Alfa Romeo, y acumularía cuatro títulos más a lo largo de su carrera, un récord que solo Michael Schumacher y Lewis Hamilton han logrado superar. Farina, en cambio, nunca volvió a ganar un campeonato, pero su nombre quedó inscrito para siempre como el primero en el palmarés de la máxima categoría del automovilismo.

