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Aunque los demócratas ganen el Congreso en 2026, los autos eléctricos seguirán esperando en EE.UU.

S&P Global advierte que incluso con mayoría legislativa, un veto presidencial bloquearía cualquier rescate a los incentivos para EVs

Redacción DSC 22 de octubre de 2026 · 04:40 2 min de lectura
Foto: insideevs.com

La administración Trump desmanteló los créditos fiscales para autos eléctricos y relajó los estándares de eficiencia CAFE que obligaban a las automotrices a reducir emisiones. Muchos aficionados a los EV depositan su esperanza en las elecciones intermedias de noviembre de 2026, con la idea de que un Congreso controlado por demócratas podría revertir el golpe. Según un análisis de S&P Global, esa expectativa choca con un obstáculo prácticamente insalvable.

Incluso si los demócratas recuperan la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, cualquier legislación que reinstale créditos fiscales para EVs o endurezca de nuevo los estándares CAFE tendría que pasar primero por la firma del presidente. Donald Trump, con su postura declarada en contra de los vehículos eléctricos, vetaría casi con certeza ese tipo de iniciativas.

Superar un veto presidencial exige dos tercios de votos en ambas cámaras del Congreso, un umbral que ningún escenario electoral realista coloca al alcance de los demócratas. Jeff Meyer, director de movilidad y energía de CERAWeek (S&P Global), lo resume como "un obstáculo muy, muy alto" incluso en el mejor de los casos para el partido opositor.

El resultado práctico: los cambios de fondo en política de EVs en Estados Unidos tendrían que esperar hasta 2028, cuando haya una nueva elección presidencial, salvo que ocurra una ola azul de proporciones extraordinarias en ambas cámaras.

Mientras el mercado estadounidense queda estancado, la brecha con sus competidores se amplía. En China, los vehículos enchufables ya representan cerca del 60% de las ventas de autos nuevos; en Europa, la cifra ronda el 45%. En Estados Unidos, la participación de los eléctricos apenas alcanza un dígito porcentual.

Esa diferencia no es solo de volumen de ventas. Cada año que China y Europa mantienen una demanda alta impulsa más inversión en desarrollo de baterías, plataformas y software para sus fabricantes locales, mientras las automotrices estadounidenses pierden terreno tecnológico frente a rivales que ya cuentan con escala y aprendizaje acumulado.

Lo que sigue depende por completo del resultado electoral de noviembre de 2026 y, después, de la elección presidencial de 2028. Hasta entonces, no hay en el horizonte legislativo ninguna vía realista para revertir el retroceso regulatorio que ha sufrido la industria eléctrica estadounidense en los últimos años.

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