El alcoholímetro cumple 70 años: así nació el fin de la prueba del equilibrio
Antes de 1954, un médico decidía con un globo si un conductor estaba ebrio
Robert F. Borkenstein, fotógrafo criminólogo y jefe del laboratorio de Criminología de Indiana, patentó en 1954 el Breathalyzer, el primer alcoholímetro capaz de calcular el alcohol en sangre a través del aliento sin agujas ni criterios subjetivos. Su invento marcó el final de una era en la que la policía dependía de pruebas de equilibrio y coordinación, las mismas que el cine volvió célebres y que en la vida real dejaban demasiado margen para el error.
Antes del Breathalyzer, la primera multa documentada por conducir ebrio se impuso en 1897 en Londres, al taxista George Smith. Durante décadas, sin coches en abundancia, la solución policial era simple: encarcelar al conductor hasta que se le pasara la borrachera, o evaluar de forma manual su capacidad de reacción y percepción espacial, un método que solo funcionaba con signos muy evidentes.

El primer intento de prueba técnica llegó en los años 30 con la 'prueba del globo', desarrollada por el bioquímico Rolla N. Harger en la Universidad de Indiana. El conductor soplaba dentro de un globo y el aliento reaccionaba con compuestos químicos que cambiaban de color según la cantidad de alcohol detectada, aunque el resultado era impreciso y solo un médico podía interpretarlo.
El Breathalyzer de Borkenstein resolvió ese problema con una mezcla de ácido sulfúrico al 50%, dicromato de potasio al 0.25% y nitrato de plata al 0.25% como catalizador. El conductor soplaba por un tubo hacia una ampolla con esa disolución, y dos fotocélulas medían el cambio de color para traducirlo en una concentración de alcohol en sangre, en tiempo real y sin subjetividad.

La tecnología siguió evolucionando: en 1971 Richard A. Harte presentó el Intoxilyzer, basado en infrarrojos, que se convirtió en el estándar en Estados Unidos a partir de 1980. Poco después, en 1974, Tom Parry Jones desarrolló la tecnología de célula de combustible o 'fuel cell', que genera electricidad mediante una reacción de oxidación, el mismo principio que usan hoy muchas baterías de autos eléctricos.
España adoptó esta tecnología desde los años 70 y en 1999, con el Real Decreto 2282/98, fijó las tasas vigentes: 0.5 gramos de alcohol por litro de sangre para conductores en general (0.25 mg/l en aire espirado) y 0.3 g/l para noveles y profesionales (0.15 mg/l). Según datos de la Dirección General de Tráfico, el alcohol está presente en entre el 30% y el 50% de los accidentes mortales en carretera.
Las autoridades españolas han intentado endurecer estos límites en varias ocasiones sin lograr el consenso político necesario. Mientras tanto, la referencia médica es clara: a partir de 3 g/l la conducción resulta prácticamente imposible por el estado de embriaguez, con 4 g/l existe riesgo de coma, y por encima de 5 g/l el desenlace puede ser mortal.


