El Holden Commodore VL Turbo escondía un corazón de Nissan bajo el cofre
Australia Design Rule 37 obligó a Holden a comprarle a Nissan el motor que no podía costear por sí mismo
En marzo de 1986 salió a la venta en Australia el Holden Commodore VL, un sedán familiar que escondía una rareza bajo el cofre: un motor seis cilindros en línea fabricado por Nissan en Japón, no por Holden. La decisión no fue de diseño sino de presupuesto, la nueva norma Australian Design Rule 37 exigía que desde el 1 de enero de 1986 todos los autos nuevos funcionaran con gasolina sin plomo de 91 octanos, y Holden no tenía el dinero para rediseñar su seis de 3.3 litros ni para cumplir las nuevas regulaciones de emisiones.
Holden ya había gastado fuerte en desarrollar su motor cuatro cilindros Family II, así que en 1983 empezó a negociar con Nissan, una movida que generó rechazo entre los sindicatos y los compradores históricos de la marca. El golpe se sintió también en la cartera, entre la firma del contrato y la entrega de los motores el dólar australiano se depreció frente al yen, lo que obligó a recortar costos en otras partes del auto, incluida la pintura acrílica de una sola capa que después traería problemas de durabilidad.

El corazón del VL fue el Nissan RB30E, un seis en línea de 2,962 cc con un solo árbol de levas movido por banda, cabeza de aluminio de flujo cruzado sobre bloque de hierro e inyección de combustible, que entregaba 153 caballos de fuerza y 182 lb-pie de torque. A mediados de 1986 llegó la versión turbocargada, el RB30ET, con turbo Garrett T3 de carcasa enfriada por agua, pistones que bajaron la compresión de 9.0:1 a 7.8:1 y un árbol de levas con más alzada y menos traslape. La potencia subió a 201 caballos a 5,600 rpm y 218 lb-pie a 3,200 rpm, con boost completo desde las 2,400 rpm.
Holden anunciaba un tiempo de 8.0 segundos de 0 a 100 km/h para el VL Turbo, pero las pruebas independientes marcaron cifras cercanas a 7.6 segundos, un número que ponía en aprietos a los sedanes alemanes de gama alta de la época en la arrancada. El turbo se ofreció en toda la gama, de la versión SL hasta la lujosa Calais, con caja manual de 5 velocidades o automática de 4, ambas también de origen Nissan, y diferencial autoblocante opcional. Los modelos turbo recibieron el paquete de suspensión FE2 y frenos delanteros más grandes con calipers de aluminio Girlock, los mismos que usaba el Corvette de la época, lo que obligó a instalar rines de 15 pulgadas.


Una versión especial para persecuciones policiales, identificada como BT1, se basó en el SL con la suspensión FE2 y en algunos casos un tanque de combustible de mayor capacidad, casi siempre pintada en amarillo Absinthe. El BT1 se ganó fama de superar en velocidad a casi cualquier otro auto en las carreteras australianas, y años después, cuando las policías los dieron de baja y los vendieron a civiles, varios de esos mismos autos terminaron del lado equivocado de la ley.


