El mito de la llanta caducada: por qué la fecha de fabricación importa más que la edad legal
El código DOT grabado en el costado revela la semana y el año exactos en que se fabricó cada llanta, incluso las que se venden como nuevas
No existe una ley que obligue a cambiar una llanta por su edad. Ni en las inspecciones vehiculares de España ni en la mayoría de normativas del mundo hay un límite de años que determine el rechazo automático de un neumático: lo que se revisa es la profundidad del dibujo, la ausencia de grietas o deformaciones, y el estado general de la goma. Una llanta de veinte años puede pasar cualquier inspección técnica si conserva esas condiciones.
El dato importa para cualquier comprador, no solo para quien revisa llantas usadas. Muchas unidades que se venden como nuevas llevan meses o años almacenadas en bodega antes de llegar al mostrador, y aunque eso no afecta su homologación, sí condiciona su vida útil real frente a una llanta recién salida de fábrica. El mecánico español Juan José Ebenezer lo explicó en un video de Instagram que se volvió viral por señalar justo ese punto ciego: la fecha de fabricación, no la de venta, es la que cuenta.

Esa fecha está grabada en el código DOT, en el costado de la llanta. Los últimos cuatro dígitos indican la semana y el año de producción: un código que termina en 5021 corresponde a una llanta fabricada en la semana 50 de 2021. Es un dato público, visible sin herramientas, que cualquier comprador puede revisar antes de cerrar la compra, ya sea de llantas nuevas o de segunda mano.
El caucho se degrada con el tiempo aunque nunca se haya montado en un rin. La exposición a temperatura, humedad y luz afecta los compuestos de la goma de forma progresiva, y esa pérdida de propiedades no siempre se nota a simple vista. Michelin recomienda sustituir cualquier llanta, usada o no, al cumplir diez años desde su fabricación, incluso si la banda de rodadura no ha llegado al límite legal de 1.6 milímetros. Es una recomendación del fabricante, no una obligación normativa, pero coincide con el criterio que maneja buena parte de la industria.
Para llantas de segunda mano, el código DOT es solo el punto de partida. Ebenezer recomienda combinarlo con una revisión de desgaste, grietas y deformaciones visibles en la carcasa antes de decidir si el precio compensa el riesgo. Cuatro números en el costado no marcan una caducidad, pero sí la pregunta correcta que todo comprador debería hacer antes de firmar el ticket.


