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En las Islas Feroe, sin autódromos ni tradición, un coleccionista acumula autos americanos brutales

Johnny Nón guarda un Dodge Viper GTS 1996, un Camaro de 700 hp y un Buick Riviera Boattail 1971 en un archipiélago donde el fútbol manda

Redacción DSC 14 de octubre de 2026 · 12:20 2 min de lectura
Foto: roadandtrack.com

En las Islas Feroe, territorio danés autónomo en pleno Atlántico Norte con apenas 55 mil habitantes, no existe un solo autódromo, pista de arrancones o etapa de rally. Los límites de velocidad no pasan de 80 km/h y los impuestos a la importación de autos nuevos resultan asfixiantes: 25% sobre el precio de lista para vehículos de menos de 25 años, más un 8% adicional si vienen de fuera de Europa y otro 25% sobre gastos de transporte e importación. Aun así, en pueblos como Runavík y Selatrað sobrevive una escena de coleccionistas de autos americanos que contrasta con el paisaje de hatchbacks y sedanes Toyota que domina las carreteras.

El protagonista de esta escena es Johnny Nón, ingeniero marítimo que guarda en su garage un Buick Riviera Boattail de 1971, un Chevrolet Camaro de segunda generación y la joya de su colección: un Dodge Viper GTS de 1996, un auto que en el contexto feroés resulta casi tan exótico como un McLaren F1. 'Siempre amé los autos americanos, pero tienen que ser enormes y brutales', explica Nón, quien reconoce que en las Feroe el gusto por los autos es una rareza frente a la pasión nacional por el fútbol.

El Camaro de Nón fue comprado ya modificado en Estados Unidos y monta un motor V8 de 8.1 litros con 700 caballos de fuerza reportados, aunque llegó sin calefacción: el vendedor nunca instaló los ductos a través del firewall porque, según le dijeron, 'allá no se necesita eso'. El resultado es que el auto funciona más como pieza de exhibición que como transporte invernal en un archipiélago donde las temperaturas bajan considerablemente.

El Viper GTS, comprado hace cuatro años —edad elegida deliberadamente para aprovechar el esquema fiscal que castiga menos a los autos de 25 años o más—, cuenta con ruedas personalizadas y un sistema de suspensión neumática a la medida que permite bajarlo para lucir o subirlo para poder conducirlo sin raspar el pavimento. Fuera del garage principal, Nón guarda además una van Chevrolet serie G, un Camaro Z28 de cuarta generación, un Dodge Magnum SRT8 y hasta un Chrysler PT Cruiser repartidos entre su casa y un taller industrial en Selatrað.

La escena de autos americanos en las Feroe no se limita a la colección de Nón: en pueblos como Bøur se han documentado caravanas nocturnas con un Corvette C5 a la cabeza, un Camaro de segunda generación, un Ford Ranchero y una pickup Chevrolet C/K diésel con motor V8, prueba de que el gusto por el músculo de Detroit encontró, contra todo pronóstico, tierra fértil en uno de los rincones más aislados del planeta.

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