Estados Unidos redefine qué es un auto y qué es una camioneta a partir de 2030
La NHTSA busca que 70% de la flota pase de clasificarse como camioneta a autos, invirtiendo la proporción actual
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) de Estados Unidos publicó una nueva norma que cambiará, a partir del año modelo 2030, los criterios para distinguir legalmente entre un auto de pasajeros y una camioneta ligera. La regla forma parte del paquete SAFE Vehicles Rule III para los años modelo 2022 a 2031, publicado a finales de septiembre en el Registro Federal y que entra en vigor el 30 de noviembre.
El cambio importa porque durante décadas los fabricantes han diseñado vehículos para calzar en la categoría de 'camioneta ligera' aunque funcionen como autos familiares, ya que esa clasificación implica estándares de consumo de combustible menos estrictos. Esa brecha regulatoria explica, en buena medida, por qué las camionetas tipo crossover y las minivans desplazaron casi por completo a las station wagons en el mercado estadounidense.

Actualmente, 68% de la flota ligera en Estados Unidos cumple con la definición regulatoria de camioneta, aunque la NHTSA reconoce que la mayoría de esos vehículos no puede operar fuera de carretera ni cargar mercancía de forma significativa. Con las nuevas reglas, un vehículo solo calificará como camioneta si exhibe capacidades reales fuera de carretera —como ángulo de ataque y altura libre al piso— o atributos de carga y remolque superiores. La agencia estima que el reparto actual de 70% camionetas y 30% autos se invertirá a 30% camionetas y 70% autos.
La reclasificación se da en el contexto de la relajación de estándares de consumo impulsada por la administración Trump: el promedio de flota exigido baja de alrededor de 50.4 millas por galón, fijado bajo la administración Biden, a 34.9 mpg. Como las camionetas actuales no tendrán que modificarse para cumplir con los nuevos límites más laxos, muchos modelos que hoy se consideran camionetas conservarán ese estatus aunque ya no cumplan la definición técnica, mientras compiten con autos que sí deberán ajustarse a reglas más estrictas si un futuro gobierno las endurece.
El esquema abre un incentivo inesperado: como los vehículos de pasajeros importados no están sujetos al mismo mínimo de cumplimiento individual que los fabricados en territorio estadounidense, algunas armadoras podrían optar por producir ciertos modelos fuera del país para beneficiarse del intercambio de créditos entre flotas doméstica e importada. Especialistas como Tom Stricker, de la firma Van Ness Feldman, advierten que ese movimiento no reduciría el consumo real de combustible ni el impacto ambiental, solo trasladaría la producción a otro país.
Falta ver cómo reaccionarán los fabricantes ante el nuevo mapa regulatorio y si la próxima administración revertirá el objetivo de 50 mpg, lo que obligaría a rediseñar motores y plataformas para los modelos que pasen a considerarse autos. La transición se aplicará a partir de los vehículos de año modelo 2030, por lo que la industria tiene poco margen para planear su siguiente generación de productos bajo las nuevas reglas.


