La familia italiana que convirtió un Ford Taurus y un VW Passat en barcos para cruzar el Atlántico
Giorgio Amoretti, enfermo de cáncer, zarpó desde las Islas Canarias en 1999 junto a sus hijos en busca de llegar a Nueva York
En febrero de 1999, la familia Amoretti partió desde Génova, Italia, con un plan que llevaba gestándose dos décadas: convertir dos autos comunes en embarcaciones capaces de cruzar el Atlántico. Giorgio Amoretti, enfermo de cáncer, decidió que de todos los proyectos inconclusos guardados en su granja cerca de Sarzana, uno merecía completarse antes que los demás: el Automare, o 'auto de mar'.
El proyecto nació como una broma en los años setenta, cuando su entonces pareja Lucia le propuso viajar a Estados Unidos por mar en lugar de avión. Giorgio, un autodidacta que practicaba paracaidismo ascensional y que ya había cruzado el Sahara en un Ferves en 1968, tomó la idea en serio. Pasó años experimentando con autos viejos rellenos de espuma expansiva, navegándolos por ríos y bahías mientras esquivaba lanchas de la policía.
Para la travesía final, Giorgio reclutó a sus tres hijos varones, Marco, Fabio y Mauro, además de un joven vecino apodado Marcolino. El plan consistía en acondicionar un Ford Taurus y un Volkswagen Passat como cascos sellados, agregando lámina de acero galvanizado en la carrocería inferior y rellenando cada cavidad, desde las puertas hasta las guanteras, con espuma de poliuretano para garantizar flotabilidad. Los motores debían conservarse para mantener el equilibrio de los vehículos sin quilla.
Los autos debían mantener una apariencia lo suficientemente normal para superar los retenes policiales en la ruta hacia el punto de partida, pues cualquier modificación visible habría significado la confiscación de todo el equipo. La familia cruzó en transbordador de Génova a Barcelona, condujo hasta Cádiz y de ahí navegó hacia La Palma, en las Islas Canarias, donde instalaron un campamento discreto cerca del antiguo Faro de Fuencaliente para terminar el trabajo.
En dos semanas, ataron botes inflables sobre los techos de ambos vehículos para dormir y almacenar equipo, instalaron una estufa de campamento en el Volkswagen y empacaron pasta, arroz deshidratado y una sola botella de vino tinto. El plan era remolcar ambos autos unidos por una cuerda gruesa hasta Nueva York, donde esperaban exhibirlos en el Museum of Modern Art. Marcolino ayudaría con el lanzamiento antes de regresar a Italia por su cuenta.


