Mazda MX-3: el cupé que escondió el V6 más pequeño del mundo bajo el cofre
El motor de 1.8 litros giraba hasta 7,000 rpm pero necesitaba revoluciones para entregar su fuerza
Mazda presentó en el otoño de 1991 el MX-3, un cupé dos más dos que competía contra el Toyota Paseo, el Nissan NX y el Honda CRX, pero con una diferencia mecánica radical: escondía bajo el cofre el V6 más pequeño jamás producido en serie, con apenas 1,845 cc de cilindrada.
El dato importa porque, hasta ese momento, los cupés económicos se definían por motores de cuatro cilindros en línea. Mazda apostó por replicar el sonido y la suavidad de un seis cilindros en un segmento donde nadie lo había intentado, adelantándose incluso a Volkswagen, que preparaba su propio V6 de ángulo estrecho para el Corrado.
El motor transversal usaba bloque y culatas de aluminio, bancadas a 60 grados, doble árbol de levas por culata y cuatro válvulas por cilindro. Dos válvulas mariposa controladas por solenoide variaban el volumen del tracto de admisión para mejorar el par en bajas revoluciones. El resultado: 130 caballos a 6,500 rpm y 115 lb-pie de torque a 4,500 rpm, cifras que superaban a casi todos los rivales del segmento, salvo el Nissan NX2000, con 140 caballos y 130 lb-pie.
En la práctica, el motor entregaba más sensación de velocidad que empuje real por debajo de 4,500 rpm. Cerca de 3,000 rpm el escape producía un gruñido comparado con el del Jaguar E-Type 3.8, pero sin fuerza que lo respaldara; había que llevarlo entre 5,000 y el límite de 7,000 rpm para sentir aceleración genuina, donde el sonido cambiaba a un zumbido que recordaba al motor rotativo de Mazda.
La carrocería lograba un coeficiente aerodinámico de 0.31 gracias a un parabrisas inclinado 65 grados y una luneta trasera envolvente. La distancia entre ejes de 96.3 pulgadas y las trochas de 57.5 pulgadas al frente y 57.7 pulgadas atrás eran generosas para la categoría, lo que se traducía en un habitáculo más amplio de lo esperado y una base prometedora para el manejo.
Los asientos delanteros acomodaban a adultos grandes sin apretarlos, mientras que la fila trasera, aunque ancha y bien diseñada, exigía que los pasajeros ubicaran cabeza, rodillas y pies con precisión para caber; un viaje corto, más que un trayecto largo con dos adultos atrás.
Car and Driver probó una unidad de preproducción y advirtió que faltaba someter al MX-3 a pruebas instrumentadas de rendimiento. La caja manual de cinco velocidades, con tacto ligero pero recorridos algo largos, mostraba un salto notable entre primera y segunda marcha, que dejaba al motor por debajo de su zona de par útil tras el cambio.


