Seligman, el pueblo de Arizona que inspiró Radiator Springs en la película Cars
El equipo de Pixar recorrió la Ruta 66 para crear el escenario animado, y este pueblo de menos de 800 habitantes fue una de sus referencias clave
En el corazón de Arizona, sobre la histórica Ruta 66, existe un pueblo real que parece salido de una película animada: Seligman, con menos de 800 habitantes, es uno de los lugares que inspiraron la creación de Radiator Springs en Cars, el filme de Pixar estrenado en 2006.
La conexión no es casualidad. El equipo creativo detrás de la película visitó distintos tramos de la Ruta 66 durante su investigación, y Seligman se considera una de las fuentes principales para dar forma al pueblo ficticio donde Rayo McQueen queda varado. La historia de abandono y renacimiento que vive el pueblo real —consecuencia directa de la llegada de autopistas modernas en la década de 1960— es precisamente el conflicto central que Pixar convirtió en trama.
Cuando las nuevas carreteras interestatales desviaron el tráfico de la 'Mother Road', decenas de pueblos como Seligman perdieron su razón de ser comercial. En vez de desaparecer, muchos de ellos, incluido este, sobrevivieron apostando por preservar y exhibir su identidad ligada al automóvil clásico.
Caminar por la calle principal de Seligman significa encontrarse con autos de los años 50 y 60 restaurados o transformados en piezas de exhibición, bombas de gasolina de época, señalética vintage y murales dedicados a la cultura de la Ruta 66. No hay ningún Rayo McQueen, Sally o Mate esperando en un taller —los personajes son ficticios—, pero sí el mismo espíritu automotor que los inspiró.
A diferencia de otros destinos turísticos construidos artificialmente alrededor de una franquicia, Seligman mantiene su carácter original: es un pueblo que decidió conservarse a sí mismo, no uno diseñado para imitar una película. Esa autenticidad es, según viajeros que recorren la ruta, lo que lo distingue como una de las paradas más atractivas del recorrido.
Para los aficionados al motor, el atractivo va más allá de la referencia cinematográfica: se trata de un tramo vivo de la historia automotriz estadounidense, donde el paisaje, los autos clásicos y el trazado original de la carretera siguen intactos casi siete décadas después de su apertura.


