Una película revive los años previos a que Gilles Villeneuve se convirtiera en leyenda de Ferrari
Jacques Villeneuve, hijo del piloto fallecido en 1982, participó en el proyecto que se estrena en Toronto el 19 de septiembre
La película Villeneuve: Rise of a Legend tendrá su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 19 de septiembre, antes de llegar a los cines de Quebec en noviembre. Su lanzamiento global está previsto para 2026, cuando se cumplirán 50 años del debut de Gilles Villeneuve en la Fórmula 1 con McLaren, en el Gran Premio de Gran Bretaña de 1977.
La cinta se enfoca en los años previos a que Villeneuve se consolidara como ícono de Ferrari, un periodo marcado por reveses personales y profesionales que hasta ahora habían quedado fuera del relato público. Melanie Villeneuve, hermana de Jacques, figura como productora ejecutiva del proyecto.

Gilles Villeneuve murió a los 32 años durante la clasificación del Gran Premio de Bélgica de 1982 en Zolder, en medio de una tensión creciente con su compañero de equipo Didier Pironi. Su estilo agresivo y su negativa a rendirse, como el episodio en Zandvoort 1979 cuando intentó volver a boxes con tres ruedas, alimentaron el mito del piloto que definió la temeridad como virtud.
Jacques Villeneuve, campeón de F1 en 1997, tenía 11 años cuando murió su padre y pasó buena parte de su infancia en un internado, distanciado de él en los últimos años de su vida. En entrevista con Motorsport.com, reconoció que muchos de sus recuerdos sobre Gilles provienen más de lo que le contó su madre que de vivencias propias, y que la película ayuda a reconstruir esa etapa con fidelidad.
El actual comentarista de F1 TV y Canal+ ha evitado históricamente las comparaciones con su padre, cansado de que la prensa solo buscara un relato de continuidad familiar en lugar de escuchar sus propias razones para correr. Villeneuve es uno de los tres únicos campeones mundiales que fueron hijos de pilotos destacados de F1, junto a Damon Hill y Nico Rosberg, cada uno con una relación distinta frente al legado paterno.
La coincidencia con el regreso de la F1 a Madrid, primera visita del campeonato a suelo español desde el Jarama en 1981 -donde Gilles logró su última victoria con una defensa magistral al volante de un Ferrari difícil de manejar-, añade un capítulo simbólico a la memoria del piloto canadiense a casi 44 años de su muerte.


