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Así nació la mayor colección privada de autos réplica de Rápidos y Furiosos

El acervo incluye el Chevelle de Vin Diesel con 620 caballos y el Skyline gris de Paul Walker

Redacción DSC 27 de octubre de 2026 · 18:50 2 min de lectura
Foto: hagerty.com

Un coleccionista estadounidense reunió, casi por accidente, una de las colecciones más completas de autos relacionados con la saga Rápidos y Furiosos, luego de comprar 15 vehículos de golpe a un hombre que heredó la flotilla de su socio de negocios fallecido. Entre esas piezas estaba el Nissan Skyline GT-R gris que aparece al inicio de 2 Fast 2 Furious, el auto que terminó por detonar su obsesión.

La colección creció por voz de boca hasta incluir vehículos que de verdad se usaron en las filmaciones, no solo réplicas: el camión de seis ruedas del atraco manejado por Don Omar y Tego Calderón, el Chevrolet Chevelle con el que Vin Diesel hacía caballitos, un BMW Serie 5 de la cuarta entrega disfrazado de M5 y hasta dos Dodge Charger, uno de ellos usado como auto de choque para pantalla verde en Fast Five.

Foto: hagerty.com

El estado de los autos de filmación es desigual. El BMW conserva un interior cuidado y carrocería sólida, pese a esconder un motor seis cilindros 528i bajo la fachada de M5. El Chevelle, en cambio, sorprendió por lo rudimentario de su truco: un V8 de 350 pulgadas cúbicas con apenas 250 caballos y contrapesos soldados al chasis para lograr el efecto de caballito en cámara, bastaba con pisar el acelerador.

El dueño no se conformó con preservar la pieza tal cual llegó del set. Desarmó el Chevelle por completo, instaló un V8 de 572 pulgadas cúbicas con 620 caballos, una transmisión de seis velocidades y suspensión mejorada, manteniendo la apariencia original de la película pero con mecánica real para exhibiciones y quemadas de llanta. Su filosofía es simple: ningún auto queda detrás de cordones de museo, todos salen a rodar, incluido un Toyota Supra réplica de la primera película al que recientemente le reventó el clutch en una sesión de donas.

Foto: hagerty.com

La búsqueda de piezas correctas se volvió una cacería de años. Las llantas originales del Mazda RX-7 de Sun Kang en Tokyo Drift tardaron dos años en aparecer, con vendedores pidiendo hasta 20,000 dólares por un juego de 30 años de antigüedad. Para el Skyline plateado y morado de la misma película, el coleccionista invirtió seis meses de búsqueda y terminó gastando 8,500 dólares entre la compra y restauración de un set de rines que consiguió en 3,500 dólares.

Aunque posee réplicas y autos de set de casi toda la franquicia, el coleccionista admite debilidad por el Skyline gris ligado a Paul Walker y reconoce que Tokyo Drift, alguna vez considerada la entrega más débil, hoy despierta más entusiasmo entre el público que ve en persona el RX-7 de Kang o la van de Hulk. Su meta pendiente es el Dodge Charger original usado en la primera película de 2001; si no logra conseguirlo, su plan alterno es construir una réplica exacta desde cero.

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