¿De verdad los autos clásicos eran mejor hechos? Consumer Reports lo desmiente
En 1966 la revista documentaba defectos de fábrica que hoy resultarían inaceptables, desde cajas de dirección sin tornillos hasta motores defectuosos
Durante la década de 1960, Consumer Reports publicaba listas detalladas de defectos de fábrica en los autos nuevos que compraba para sus pruebas. La edición de abril de 1966 documentó fallas que iban desde interruptores de luces de freno defectuosos hasta un Ford Cortina que giraba de forma distinta según la dirección, problema causado por una caja de dirección que salió de fábrica sin los tornillos de instalación completos.
La nostalgia por los autos clásicos suele venir acompañada de la idea de que antes se fabricaban mejor. Los datos históricos sugieren lo contrario: la calidad de construcción en Detroit era notoriamente irregular, las fallas mecánicas eran comunes y comprar un auto con más de 50 mil millas se consideraba heredar los problemas de otro dueño.

Jake Fisher, director de pruebas automotrices de Consumer Reports, señala que en esa época los odómetros regresaban a cero en las 100 mil millas porque no se esperaba que un motor durara más. Hoy, esa misma cifra en un auto usado suele considerarse apenas el inicio de su vida útil. La organización compra alrededor de 50 autos nuevos cada año para sus pruebas, y según Fisher, todavía encuentran defectos que obligan a múltiples visitas al concesionario.
La diferencia central está en la naturaleza de las fallas. Un auto moderno puede tener entre 1,400 y 3,000 microprocesadores, según la empresa Polar Semiconductor, proveedora de semiconductores para la industria automotriz desde hace 50 años. En los años sesenta, esa cifra era cero. Los problemas de dirección o motor de entonces eran identificables y reparables por un mecánico aficionado; un fallo intermitente en el sistema de infoentretenimiento o en el emparejamiento Bluetooth de hoy puede ser imposible de replicar o diagnosticar.


Consumer Reports dejó de publicar listas de defectos de entrega hace décadas, cuando notó que algunos compradores confundían esos problemas puntuales con la confiabilidad a largo plazo del vehículo. El control de calidad de los fabricantes también mejoró: la revista ya no encuentra cajas de dirección sueltas, aunque sus autos de prueba sigan requiriendo visitas al taller.
Para muchos coleccionistas, la decisión de comprar un clásico responde más a razones emocionales que prácticas, lo cual explica por qué se perdonan tantas fallas mecánicas. Un auto viejo tiene más probabilidades de quedarse varado en el camino que uno nuevo, aunque su diseño simple permite que un propietario con conocimientos básicos resuelva el problema ahí mismo, algo casi imposible con los sistemas electrónicos actuales.

La simplicidad y la posibilidad de reparación siguen siendo parte del atractivo de los autos clásicos, no su supuesta superioridad mecánica. Queda por verse cuántos de los vehículos actuales, con toda su sofisticación electrónica, seguirán funcionando dentro de 50 años.


