La carretera solar que Francia construyó por 5 millones de euros terminó destruida en tres años
El tramo de un kilómetro en Normandía generó apenas la mitad de la energía prometida antes de desmoronarse
En 2016, la comuna de Tourouvre-au-Perche, en la Baja Normandía, inauguró la primera carretera solar del mundo: un kilómetro de asfalto cubierto con 2,280 paneles de silicio adheridos a la superficie y protegidos con una resina especial. El proyecto costó cinco millones de euros y prometía abastecer el alumbrado público de un pueblo de 5,000 habitantes sin ocupar terrenos agrícolas ni áreas naturales.
El caso importa porque durante años varios países intentaron replicar la idea de generar electricidad directamente desde el pavimento, desde tramos en la Ruta 66 en Estados Unidos hasta un carril bici solar en Holanda. Ninguno funcionó como se esperaba, pero Francia representó el experimento más costoso y mejor documentado de esta tecnología aplicada a vías de uso real.

Los números nunca cuadraron del todo. Cada vatio generado en la carretera costaba 17 euros, frente a 1.30 euros de un panel solar instalado en un tejado convencional. Aun así, las previsiones oficiales hablaban de pavimentar hasta 1,000 kilómetros de carreteras con esta tecnología, lo que habría representado una inversión mínima de 5,000 millones de euros para el gobierno francés.
La realidad fue distinta. Durante su primer año completo de operación, el tramo generó 149,459 kWh, poco más de la mitad de lo proyectado. El tráfico pesado desgastó las losas prematuramente, la acumulación de hojas y suciedad bloqueó la recarga de las células fotovoltaicas, y el ruido generado por la superficie obligó a bajar el límite de velocidad a 70 km/h para no afectar a los vecinos.


Para julio de 2019, medios como Le Monde documentaron el deterioro: juntas desgarradas, paneles desprendidos y desconchones que exponían las células solares sin protección. De los 2,280 paneles originales, solo sobrevivió una fracción del tramo, unos 100 metros, y el resto quedó demasiado dañado para repararse. El proyecto nunca se reactivó y hoy funciona como advertencia técnica para cualquier gobierno que considere convertir el asfalto en generador de energía.


