Los autos que prefirieron los dictadores: del Mercedes-Benz 600 al Packard blindado de Stalin
El Packard de Stalin pesaba 7.5 toneladas y llevaba cristales blindados de tres pulgadas de grosor
El Mercedes-Benz 600 Pullman, también conocido como el Großer Mercedes, se convirtió entre los años sesenta y ochenta en el vehículo predilecto de algunos de los dictadores más violentos del siglo veinte. Idi Amin en Uganda, Nicolae Ceaușescu en Rumania, Saddam Hussein en Irak, Mao Zedong en China, Kim Il-Sung y Kim Jong-il en Corea del Norte, Fidel Castro en Cuba, Josip Broz Tito en Yugoslavia, Ferdinand Marcos en Filipinas, Pol Pot en Camboya, Leonid Brézhnev en la URSS, Enver Hoxha en Albania y Jean-Bédel Bokassa en República Centroafricana figuran en la lista de propietarios del W100.
El dato importa porque ese mismo modelo, fabricado entre 1963 y 1981, también perteneció a celebridades como Elvis Presley, John Lennon, George Harrison, Jack Nicholson y Elizabeth Taylor, lo que revela el doble filo de un automóvil diseñado para proyectar poder y opulencia sin distinguir entre jefes de Estado legítimos y tiranos. Varios regímenes adquirieron versiones de seis puertas tipo limusina, mientras que otros prefirieron las variantes landaulet descapotables, ideales para los desfiles militares.

Ceaușescu, quien gobernó Rumania durante casi 25 años, también usó un Mercedes-Benz 350SL de 1973 equipado con un radiotransmisor de onda corta oculto en la guantera para comunicarse con sus fuerzas de seguridad. El Mercedes-Benz 600 que hoy se exhibe en la colección de Samuel y Dena Lombardo, y que circuló recientemente en el EyesOn Design car show de Grosse Pointe Shores, Michigan, se asocia popularmente con el dictador rumano, aunque los registros de procedencia indican que el auto fue entregado originalmente a una familia alemana adinerada; desde 2017 pertenece al coleccionista francés Olivier Delafon.
Józef Stalin, al frente de la URSS entre 1922 y 1953, prefería los Packard. Su limusina blindada de 1937, hoy exhibida en el Historic Attractions Museum de Wayne Lensing cerca de Rockford, Illinois, pesa 7.5 toneladas debido a las placas de acero que recubren toda la carrocería. Sus ventanas antibalas miden tres pulgadas de grosor y requieren un sistema hidráulico para subir y bajar, mientras que hasta las llantas son a prueba de disparos. El motor V12 de 473 pulgadas cúbicas de Packard apenas lograba mover semejante peso.


El gusto de Stalin por la marca estadounidense llevó al fabricante soviético ZiS a copiar el Packard Super Eight para crear el ZiS-110 de producción civil y el ZiS-115 blindado. La planta, fundada en 1916 como AMO para ensamblar camiones Fiat bajo licencia, cambió de nombre varias veces: en 1931 se convirtió en ZiS, siglas de Zavod imeni Stalina, y durante la desestalinización de los años cincuenta pasó a llamarse ZiL, en honor al director de la fábrica, Ivan Lijachov.
Otros dictadores prefirieron los deportivos italianos. Jean-Claude Duvalier, quien heredó la presidencia vitalicia de Haití a los 19 años en 1971, condujo un Ferrari 365 GT 2+2 y un 400i color verde metálico durante su mandato, y ya exiliado en la Riviera francesa se le vio al volante de un Testarossa rojo. Rafael Trujillo, quien controló República Dominicana por más de tres décadas, gustaba de los exóticos italianos, aunque su último viaje ocurrió en un Chevrolet Bel Air de 1957, el auto en el que fue emboscado y asesinado en 1961.


