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Witkar: el microcoche eléctrico que Ámsterdam probó 50 años antes que Uber

El diminuto vehículo de 1974 alcanzaba solo 32 km/h y se recargaba en 10 minutos entre viajes

Redacción DSC 8 de octubre de 2026 · 15:20 2 min de lectura
Foto: hagerty.com

En 1974, Ámsterdam puso en marcha el Witkar, un sistema de autos compartidos eléctricos diseñado por el ingeniero y político holandés Luud Schimmelpennink desde 1968. Más de 4,000 personas pagaron una cuota de 25 florines (unos 10 dólares de la época, cerca de 50 dólares actuales) para unirse al programa, que operó con una flotilla de apenas 35 unidades.

El Witkar era un biplaza completamente eléctrico, más alto que ancho o largo, con los pasajeros sentados casi en vertical dentro de una cabina de cristal. Pesaba alrededor de 600 kilogramos, en buena parte por su paquete de baterías de níquel-cadmio, que ofrecía solamente 10 kilómetros de autonomía y una velocidad máxima de 32 km/h.

Foto: hagerty.com

El sistema funcionaba con una llave de plástico con sensor integrado: el usuario marcaba su destino en un teclado en la estación, pasaba la llave por un lector y una computadora central registraba el viaje para cobrar automáticamente. Cada trayecto costaba cerca de un florín, el equivalente a cerca de 2.10 dólares en moneda de 2026. Las estaciones recargaban las baterías en apenas 10 minutos mediante conductores aéreos.

La escala del proyecto nunca creció como se planeó. Con solo cinco estaciones para 35 autos, el programa contemplaba 10 estaciones adicionales y una flotilla de 100 Witkarren para finales de 1976, con la meta final de 1,400 unidades. Ninguna de esas metas se cumplió, y además algunas estaciones terminaban saturadas de autos mientras otras se quedaban sin ninguno disponible.

Foto: hagerty.com

La revista Autocar probó el Witkar en 1976 y describió una dirección demasiado sensible y una sensación de inestabilidad por su centro de gravedad alto. El periodista Chris Goffey advirtió entonces que el concepto solo tendría futuro si las ciudades prohibían el tráfico de combustión en zonas completas, algo que Ámsterdam no hizo, pero que sí logró parcialmente con su apuesta posterior por el Metro, los tranvías y la bicicleta.

El programa sobrevivió hasta 1986 sin crecer más allá de esas 35 unidades y 4,000 usuarios originales. Hoy pueden verse ejemplares en museos holandeses, como el Louwman Museum cerca de La Haya, aunque manejar uno resulta prácticamente imposible. El espíritu del Witkar sobrevive de otra forma: los microcarros como el Canta, originalmente diseñados para conductores con discapacidad, siguen circulando libremente por las ciclovías de Ámsterdam.

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