El Ferrari F40 de Hamilton llegó a Monza con un dato que parece cosa del destino
El motor del auto trae grabado de fábrica el número 44, el mismo que usa el piloto desde niño
Lewis Hamilton llegó el jueves al Gran Premio de Italia manejando su Ferrari F40 recién restaurado, vestido con traje, corbata, sombrero y abrigo para posar detrás del paddock en Monza, el circuito que se autodenomina el Templo de la Velocidad.
El auto lleva placas británicas con el número 44, el mismo que Hamilton usa en la Fórmula 1 desde que su padre Anthony lo llevaba a competencias de karting en un Vauxhall Cavalier con esa matrícula. La coincidencia no terminó ahí: al desmontar el motor durante la restauración en Maranello, el equipo técnico encontró que también trae estampado de fábrica el número 44.
Hamilton contó que buscó un F40 con kilometraje bajo y una historia auténtica antes de encontrar este ejemplar, cuyo dueño anterior lo condujo 69 kilómetros desde Maranello hasta su casa y después nunca volvió a arrancarlo. La puerta del copiloto jamás se había abierto y el auto permaneció cubierto de polvo durante años, prácticamente como una cápsula del tiempo.
El piloto de siete títulos mundiales enfrentó la decisión de conservarlo intacto como pieza de museo o restaurarlo para manejarlo. Se inclinó por lo segundo al notar que ningún piloto de Ferrari en la historia había llegado jamás a una carrera al volante de sus autos más icónicos, como el 250 GTO o el propio F40.
Hamilton explicó que la restauración reveló que casi ninguna pieza mecánica necesitó cambiarse, señal de que el auto resistió bien el paso del tiempo pese a su inactividad. Para el piloto, el F40 representa la esencia del diseño clásico de Ferrari, por encima incluso de modelos modernos como el F80 o el F50.
La aparición en Monza no fue improvisada: Hamilton diseñó personalmente el concepto de la imagen, igual que hizo en su primera temporada con la escudería, buscando reforzar el vínculo entre su figura y la herencia de la marca italiana más allá de la pista.


