Emiratos Árabes pierde el trono del reciclaje de coches usados japoneses
Las exportaciones desde Japón hacia EAU cayeron de 18,072 a solo 285 unidades entre febrero y mayo
Japón exporta cada año cientos de miles de vehículos casi nuevos gracias a una razón poco conocida fuera de sus fronteras: el Shaken, su estricta inspección técnica obligatoria. Este trámite cuesta alrededor de 100 mil yenes, unos 714 euros, si el coche lo pasa a la primera, y se aplica a los tres años de la compra, luego cada dos años y, a partir de los 10 años de antigüedad, de manera anual. El costo real suele dispararse porque el propio organismo inspector realiza las reparaciones necesarias con sus propias tarifas, lo que empuja a la mayoría de los japoneses a deshacerse de sus autos con apenas tres o cuatro años de uso.
Ese flujo constante de vehículos en buen estado alimenta desde hace años uno de los negocios menos visibles de la industria automotriz: la reexportación y el desguace organizado. Los Emiratos Árabes Unidos se convirtieron en el centro logístico de este comercio, importando coches japoneses, reparándolos o troceándolos en sus zonas francas, y reenviándolos hacia África, sobre todo vía Benín, y otras partes de Asia. Solo en marzo de 2025, el país importó más de 22,500 vehículos usados procedentes de Japón, un volumen que en 2022 lo colocó entre los 20 mayores exportadores de autos del mundo pese a no tener una sola planta de ensamblaje en su territorio, con ventas al exterior por 7,000 millones de dólares ese año.

Parte de esos autos, muchos con apenas unos años de uso, terminan troceados dentro de contenedores para aprovechar cada centímetro de espacio. No todos se reconstruyen: la mayoría se desmantela para surtir el mercado de refacciones usadas, tanto local como de exportación, mientras una minoría se recompone soldando partes de dos o tres vehículos distintos para volver a rodar en mercados con regulaciones de seguridad mucho más laxas que las europeas o japonesas.
Sin embargo, cifras del Ministerio de Finanzas de Japón muestran que este esquema se está desmoronando para los emiratíes. Las exportaciones japonesas hacia EAU se desplomaron de 18,072 unidades en febrero a solo 285 en mayo, una caída superior al 70 por ciento en apenas tres meses. En contraste, destinos como Rusia y Tanzania absorben ahora directamente ese flujo, superando ambos las 100 mil unidades, lo que sugiere que los compradores finales están saltándose al intermediario emiratí.

El encarecimiento del transporte marítimo agrava el golpe. El costo por contenedor llegó a un máximo de 10,377 dólares en septiembre de 2021, muy por encima de la media prepandemia de 1,420 dólares, y tras una relativa estabilización entre 2022 y 2024 volvió a dispararse en 2025, con precios que en las primeras semanas de septiembre de este año oscilaron entre 1,500 y casi 10,000 dólares según la ruta. A esto se suma la escasez de barcos Ro-Ro especializados en el transporte de vehículos.
Falta ver si Emiratos Árabes Unidos logra reposicionarse como intermediario o si países como Rusia y Tanzania consolidan definitivamente el comercio directo con Japón. Lo que no cambia es el motor de fondo: mientras el Shaken siga expulsando autos jóvenes del parque vehicular japonés, el mundo seguirá recibiendo, de una u otra forma, la chatarra más codiciada del planeta.


