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La lluvia corroe los autos con electricidad, no solo con ácido, revela un estudio

Gotas de agua generan hasta mil voltios al deslizarse sobre superficies antes de perforar recubrimientos metálicos

Redacción DSC 9 de septiembre de 2026 · 17:30 2 min de lectura
Foto: motorpasion.com

Un estudio publicado el 26 de agosto de 2026 en la revista Nature identificó un cuarto mecanismo de corrosión hasta ahora ignorado por la industria automotriz: la electricidad que generan las propias gotas de lluvia al deslizarse sobre superficies. La investigación, liderada por Zhongyuan Ni, Rüdiger Berger y Hans-Jürgen Butt del Instituto Max Planck de Investigación sobre Polímeros en Mainz, Alemania, contó con la colaboración de la Universidad de Bonn, la Universidad de Tecnología del Sur de China, el MIT y la Universidad Johannes Gutenberg.

Hasta ahora, los fabricantes diseñaban pinturas y barnices anticorrosivos pensando solo en tres factores: sales y ácidos disueltos en el agua, desgaste mecánico por el impacto repetido de las gotas, y oxidación por contacto con oxígeno ambiental. El hallazgo añade una variable invisible que podría obligar a repensar los recubrimientos de las carrocerías, así como los de puentes, barcos y monumentos.

El fenómeno se llama electrificación por deslizamiento. Cuando una gota de agua resbala sobre una superficie aislante, como una hoja, un vidrio o una marquesina, intercambia carga eléctrica con ella. Al caer después sobre una superficie metálica, libera esa carga de golpe. Para comprobarlo, el equipo hizo deslizar gotas sobre cuatro materiales aislantes, entre ellos una hoja de planta, espuma de PVC, poliestireno y cuarzo con recubrimiento hidrófobo, antes de dejarlas caer sobre placas de cobre cubiertas con teflón.

Los resultados fueron contundentes: tras 3,000 impactos, el equivalente a una tarde de lluvia moderada, el teflón quedó perforado y el cobre debajo mostró picaduras más profundas que el grosor de la película protectora. En cambio, las gotas que cayeron directamente, sin deslizarse antes sobre una superficie aislante, no dejaron ningún rastro tras la misma cantidad de impactos. La carga medida por gota osciló entre 0.2 y 2 nanoculombios, una cifra mínima que, sin embargo, equivale a una diferencia de más de mil voltios al momento del impacto.

Según los investigadores, ese campo eléctrico es suficiente para provocar una perforación dieléctrica, un pequeño arco que rompe el recubrimiento aislante antes de que las reacciones electroquímicas ataquen el metal expuesto. El equipo sugiere que este mecanismo explicaría por qué estructuras bien mantenidas, como la Torre Eiffel, que requiere repintarse por completo cada siete años, se deterioran más rápido de lo previsto.

Para los automóviles, el riesgo existe pero con matices: los recubrimientos comerciales usados en las carrocerías suelen ser más gruesos que la delgada película de teflón probada en laboratorio, lo que limitaría el efecto sin eliminarlo del todo. El estudio abre la puerta a una nueva generación de pinturas y barnices industriales que consideren la resistencia dieléctrica como criterio de diseño, además de la protección química y mecánica tradicional. Falta determinar cuánto tiempo tomará que esta investigación se traduzca en recubrimientos comerciales disponibles para la industria automotriz.

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