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Mercedes 400SE 1992: el sedán de lujo que probó Car and Driver hace más de tres décadas

El sedán alemán llegó a pesar 2,175 kilos y costaba hasta 91,000 dólares con extras

Redacción DSC 10 de septiembre de 2026 · 15:40 2 min de lectura
Foto: caranddriver.com

En diciembre de 1991, Car and Driver puso a prueba el Mercedes-Benz 400SE, la nueva generación de la Clase S que la marca alemana presentaba como el máximo exponente del confort automotriz. El sedán, con motor V8 de 4.2 litros y 32 válvulas que entregaba 282 caballos de fuerza, aceleraba de 0 a 60 millas por hora (97 km/h) en 7.7 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 151 millas por hora (243 km/h), cifras que superaban ligeramente al Lexus LS400 de la época.

La cifra que más llamó la atención de los probadores fue el peso: 4,795 libras, es decir, 2,175 kilos. Eso representaba 895 libras más que el modelo anterior, el 420SEL, y 687 libras más que un Lincoln Town Car de aquel entonces, pese a que el 400SE medía 201.3 pulgadas de largo, más de una pulgada menos que su antecesor y 17.6 pulgadas menos que el Lincoln.

El precio tampoco era modesto. La versión base costaba 86,375 dólares, pero con extras como control de tracción, cambiador de CD para diez discos y calentadores en los asientos delanteros, la unidad de prueba se acercaba a los 91,000 dólares. Y eso sin llegar a la cima del catálogo: el 500SEL rebasaba los seis dígitos, mientras que el 600SEL, con motor V12, costaba 40 mil dólares más que el 400SE.

La transmisión automática de cuatro velocidades no convenció del todo a los editores, quienes notaron que el auto tendía a arrancar en segunda con acelerador suave y que los cambios a medio acelerador no eran tan suaves como los de un Cadillac Sedan de Ville. En cuanto a consumo, Mercedes proyectaba 13 millas por galón en ciudad según la EPA; en la prueba real se registraron alrededor de 15 millas por galón, aunque un viaje de California a Ann Arbor arrojó 18 millas por galón.

En el circuito de manejo, el 400SE generó 0.75 g de fuerza lateral en la prueba de skidpad, una cifra inferior a la del Infiniti Q45 y del BMW 750iL de la época. Los editores concluyeron que, aunque el auto no ofrecía la experiencia que buscan los conductores deportivos, ningún otro sedán de la época igualaba su nivel de aislamiento acústico y comodidad para viajes largos, ya fuera en autopista o en calles urbanas en mal estado.

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